Brasil: Una cascada escondida en Rio de Janeiro

Pensar que Rio de Janeiro es sólo playas significa perder una cantidad enorme de lugares que visitar y momentos únicos en tu viaje. La ciudad está rodeada de montañas y selva donde sólo buscando un poquito se encuentran lugares mágicos en medio de una vegetación tropical y una fauna increíble.

En esta búsqueda decidimos salir a descubrir un lugar poco o nada conocido entre los turistas, pero muy nombrado entre los cariocas. La Cachoeira do Horto, una cascada mágica que en su final forma una pequeña piscina de aguas transparentes y que tiene la fama de que quien se baña en ella, renueva sus energías para el resto del año. ¡Todo lo que queríamos!

Para llegar se puede tomar el bus 409 (confirma si pasa cerca de tu ubicación  Aquí). En caso de que no, lo más recomendable es tomar un Uber o un taxi que te deje al final de la calle Pacheco Leão, en el barrio Horto justo en el acceso al Parque Nacional da Tijuca.

Ve la ubicación exacta aquí

La caminata comienza por un bosque de árboles de Jaca, un fruto enorme parecido a la chirimoya (chilena) en sabor, pero con más de 10 veces su tamaño, existen jacas que han llegado a pesar 30 kilos y el peligro de que te caiga una en la cabeza le da una emoción diferente al paseo.

jaca
Árbol de Jaca madura, todas con posibilidades de caer (foto del blog Cozinha de Donana)

En nuestro caso a pocos metros de haber comenzado, además de encontrar jaca reventada, encontramos un pichón de Tucán que había caído de un árbol y no lograba volar, después de unos minutos intentando atraparlo ¡lo logramos! y lo llevamos a la entrada para que el guardia pudiera llamar a los especialistas que resguardan la fauna del lugar. Tuve la suerte de tenerlo en mis brazos y hasta le di un besito ¡Espero que esté bien!. Luego seguimos el camino y en aproximadamente 1 KM desde la entrada principal se ve una pequeña plaza con algunos fierros para hacer ejercicios, justo ahí hay una caída de agua menor donde algunos se están refrescando, pero no has llegado a tu destino aún, no iba a ser tan fácil. Todavía tienes que mirar el cerro y ver una escondida ruta en medio de la vegetación, aquí recién comienza la aventura.

Aunque vas a ver que todos los cariocas andan con chalas estilo Condorito, si no tienes práctica, es recomendable que uses zapatillas. Ellos prácticamente nacieron con las hawaianas puestas y tienen una habilidad impresionante para usarlas para absolutamente todo ¡No es mi caso¡ Ya muchas veces se me ha quedado la chala a varios metros atrás del pie, así que fui con zapatillas.

El sendero no es pesado en cuanto a la caminata, pero sí requiere una cierta habilidad física. En algunos momentos te sientes en una competencia con pruebas para superar. Por ejemplo, tienes que pasar por piedras inclinadas afirmado de una cadena que hay clavada al piso, y vas a tener que escalar un muro de piedra y tierra afirmándote de las raíces de un árbol viejo. ¡Pero no te rindas y da lo mejor de tí! La recompensa está por llegar.

Después de toda esa aventura, el premio es entrar en la piscina de la cascada y nadar un poquito, el agua sólo llega hasta la rodilla pero alcanza para nadar. El suelo es de tierra pero es tan transparente que puedes ver todo lo que está abajo, aunque no hay mucho, sólo algunas algas y unos pececillos que chupan rocas. El agua es bien helada y en el verano eso se agradece. Es posible ponerse bajo la caída de agua -que es muy fuerte-, pero es sin duda algo que hay que experimentar.

Si puedes, lo mejor es ir en la semana, porque los fines de semana se llena. Si vas a ir un día de fin de semana, intenta llegar bien temprano para que no esté tan lleno. No olvides llevar agua, traje de baño, toalla, bloqueador y alguna cosita para comer si vas a pasar el día.

La familia carioca disfrutando

Comienza a bajar antes del atardecer, el camino no está bien delimitado ni iluminado para bajar de noche y eso lo hace un poco peligroso. Nosotros bajamos alrededor de las 16:00 horas y en el camino nos encontramos con una familia de monos que jugaban en medio de las ramas, aprovechamos de mirarlos un rato y ver cómo intentaban abrir un fruto golpeándolo varias veces contra la rama de un árbol. De repente, en medio de la nada, vimos una vela prendida y muchas otra derretidas alrededor con un montón de verduras tipo poroto verde en posiciones simétricas. Eso nos dio un poquito de miedo y escapamos rápidamente de ahí antes de que apareciera otra cosa.😂

Con los días nos dimos cuenta que en esos sectores más escondidos es común encontrar este tipo de cosas, no son nada más que ofrendas a los dioses Orixás y es muy común verlas en todo Brasil.

Así que ya saben, si van a Rio de Janeiro no dejen de disfrutar las cachoeiras y conocer la cara más selvática de la ciudad maravillosa.

Buen paseo!😘

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